Chicago, Martes, 24 de Abril de 2018
Apr.
24
2018

LA MALA MEMORIA DEL MEXICANO

Ernesto Zedillo

EN NARCOS E INSEGURIDAD EL SEXENIO DE ZEDILLO FUE PEOR QUE EL DE CALDERON

Por Eric Muñiz de la Rosa
PRIMERA DE CUATRO PARTES

 

     Una investigación realizada por el diario texano El Paso Times revela que la tasa de homicidios registrada en el sexenio del presidente Felipe Calderón fue menor a cada una de las reportadas en los últimos 3 sexenios priistas.
     De acuerdo con los datos presentados por el rotativo, la tasa de homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes durante el gobierno de Calderón fue de 14.5, mientras la de los primeros 5 años del sexenio de Miguel de la Madrid fue de  19.22, la de Carlos Salinas de Gortari fue de 18.92 y la de Zedillo 15.1. En los primeros 5 años de la administración de Vicente Fox la tasa fue de 9.78.
    Encontré en mis archivos cuatro de mis columnas donde resumo algunos de los actos de violencia que sucedían en 1999. Esto es parte de la primera de las cuatro:
    Empezando con el desempleo y la emigración, que eran asuntos más agudos hace 15 años, pero que se redujeron al final del sexenio de Calderón. En 1999 el Secretario de Trabajo y previsión Social, Javier Bonilla García, ponía el desempleo en un 35 por ciento —eso es la tercera parte de la población—a los mexicanos los agobiaba los raquíticos sueldos, el alto costo de la vida, la falta de oportunidades, la corrupción política y a todos niveles, el crimen rampante, los asesinatos, las torturas policiacas, los desaparecidos, los periodistas asesinados, el imperio de la droga, yo decía en esa columna que Zedillo era solo una figura emblemática, como el adorno en la "trompa" de un automóvil, sin ese adorno el automóvil sigue caminando.
      En Colombia se pidió la renuncia del Presidente Samper por su falta de liderato en la guerra contra las drogas y el crimen, en México la cosa estaba peor que en cualquier otro país del mundo.
     El régimen de Zedillo conjugaba lo peor de presidentes pasados, la virtual dictadura del echevarrismo, la terrible corrupción lopézportillista, la desesperanza madridista y la ignominia salinista.
      En ese tiempo la corrupción en México abarcaba las más altas esferas del poder: policías, jueces, militares, funcionarios públicos, fiscales. Cuatro médicos fueron asesinados en el norte de México, los cuatro estaban involucrados en el narcotráfico; entre los “periodistas”, Benjamín Flores Fernández, director de La Prensa, de San Luis Río Colorado, fue asesinado por órdenes del narco Jaime González Gutiérrez; nueve policías de la Procuraduría General de la República robaron media tonelada de cocaína en esa misma ciudad sonorense; el diputado del PAN, Francisco Suárez Tanori intentó pasar 50 kilos de marihuana a Estados Unidos.
      La jueza Teresa Irma Fragoso aceptó 30 mil dólares de mordida para no conceder orden de cateo a propiedades de Amado Carrillo; la fiscal Hilda Hernández Hernández protegió, bajo soborno, al capo del Golfo Oscar Malherbe y a su propio esposo Salvador Flores Gómez, otro fiscal corrupto. Otros jueces fueron absueltos de delitos, o dejados en libertad para que escaparan, a otros narcotraficantes, como Héctor Luis “el Güero” Palma; El Chapo Guzmán y a Raúl Salinas de Gortari, absuelto, éste último, del delito de lavado de dinero por el juez Ricardo Ojeda Bohórquez.
     La ex magistrada Imelda Gutiérrez Muñoz otorgó la libertad al narco Guillermo Meneses Garza y ordenó que se le regresaran  a éste 5 millones 814 mil 100 dólares, producto de sus ilícitas actividades. La emigración se agudizo cuando hasta los ricos huían al extranjero escapando de la inseguridad, en ese tiempo el narco movía 400 mil millones de dólares anualmente, la mitad, unos 200 mil millones, se repartían entre los funcionarios, policías, jueces, ministerios públicos, militares, gobernadores, presidentes municipales, agentes aduanales y de inmigración, autoridades aeroportuarias, etc., según lo admitió en declaraciones públicas Jorge Madrazo Cuéllar, Procurador General de Justicia de México, quien añadió, “se han dado pasos para combatir ese mal, en la actualidad hay 80 funcionarios públicos detenidos por sus nexos con el narcotráfico”.
      ¡Ochenta detenidos! Vaya manera de atacar el problema, pienso que solo 80 de los amigos personales de Madrazo Cuéllar eran narcos.
En cuanto al crimen y la inseguridad, la población estaba en manos de la delincuencia. Del total de criminales y delitos denunciados, solo el cuatro por ciento resultaba en el proceso de los culpables.
      En el Distrito federal, en 1996, se denunciaron 248,537 delitos, pero solo se consignaron a 7,215 infractores. Lo mismo sucedia en el resto del país. Para poder sobrevivir, los funcionarios "honestos" recurrían a la mordida, el cohecho y la extorsión. Por ejemplo, en la DGST del Distrito Federal, los 300 inspectores —llamados "los Dantes"—, bajo el mando de Carlos Galán, cuya clave policial es Dante— tenian asignada una "cuota" diaria que tienen que entregaban a los jefes de esa dependencia. Ese dinero era extorsionado a taxistas, quienes a su vez, para "salir a mano" cobraban cuotas exageradas a sus pasajeros o simplemente recurrían al robo a turistas extranjeros.
     El colmo de la situación lo personificaba el  taxista Higinio Hernández, a quien su esposa le tenía prohibido subirse a un taxi como pasajero: "Uno nunca sabe lo que le puede pasar al abordar un taxi".
     En los primeros seis meses de 1999, en la ciudad de México ya se habían cometido 61 robos bancarios, y para agravar la situación, a partir de octubre la policía preventiva dejo  de custodiar bancos, pues, de acuerdo al general Valentín Romano, director de la policiá bancaria e Industrial "Parece que a los banqueros les gusta que los roben". En efecto, muchos eran auto robos, los banqueros declaraban pérdidas, cobraban seguros y se quedaban también con el dinero "robado".
       El martes 2 de septiembre de 1999 fueron detenidos en el aeropuerto de la ciudad de México 18 agentes de la Procuraduría General de la República en posesión de 75 kilos de cocaína pura.
     La sociedad estaba en quiebra, el rechazo de más de 80 mil estudiantes en escuelas universitarias de la ciudad de México suscitó una ola de suicidios entre la juventud. La falta de oportunidades para estudiar, la crisis económica que obligaba a los jóvenes a abandonar sus estudios, la falta de oportunidades de empleo, o empleo bien remunerado, había llegado a su límite más agudo.
     Solamente en las vías del Metro se habían suicidado ese año 39 personas, 27 hombres y 12 mujeres. Así huían de la vida insoportable del México de ese tiempo; otros huían hacia los Estados Unidos, para encontrar solo la muerte. En el primer trimestre de 1999 veintinueve personas habían muerto tratando de cruzar la frontera entre Mexicali y Caléxico, unos ahogados, otros por deshidratación, otros por hipotermia y otros por inanición. Solamente en la frontera con California, en el mes de agosto (1999), murieron 17 mexicanos, para fin de ano habían muerto en esa frontera 63 inmigrantes. Se calculaba que en el sexenio de Zedillo cada año emigraron hacia los Estados Unidos de 50 mil a 60 mil neoleoneses por falta de trabajo en el campo, de acuerdo a lo expresado por el secretario de proyectos de la Liga de Comunidades Agrarias, Baldomero Pérez.
     Cientos de miles de niños mexicanos Vivian en las calles. El Centro Mexicano para la Defensa de la Infancia (Cemedin), calculaba que había un millón 150 mil en el Distrito Federal. El 60% de la niñez capitalina vivía en la extrema pobreza; los niños de la calle aumentaban un 7% anual en el país; un millón de niños entre 6 y 14 años trabajaban en las peores labores y sin protección de ninguna clase; dos millones y medio de niños capitalinos no asistían a la escuela.