Chicago, Lunes, 18 de Diciembre de 2017
Dec.
18
2017

PERIODISMO POTOSINO

¿LIBELO, CHANTAJE, EXTORSIÓN O IGNORANCIA

PERIODÍSTICA DE ADRIANA OCHOA?

 

Por Eric Muñiz de la Rosa

 

 

     En la parte “Rollos sueltos”, en la columna La Cábala, de Adriana Ochoa, del domingo 6 de abril, Adriana Ochoa, “editora” del diario Pulso, hace unos comentarios tan atrevidos como periodísticamente inaceptables. Escribe que “Especial fama han creado en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje unos abogados muy buena onda que regalan chucherías ‘chiviadas’, boletos para conciertos, pantallas de TV y hasta efectivo (le llaman ‘porcentajes’) a secretarias, notificadores, conciliadores y demás”.

      Por las descripciones de las “chucherías” se puede deducir que Adriana tiene pruebas irrefutables de lo que describe, incluyendo lo “chiviado”.

    Obviamente que Adriana también tiene bien identificados e investigados a los corruptos empleados de la Junta, que bien han de llegar a una docena, pues incluye a “secretarias, notificadores, conciliadores y demás”, (salta la pregunta ¿No deberían de ir a prisión empleados que son cómplices de semejantes fraudes contra los trabajadores que deben de representar?)

     Luego Adriana describe, con manifiesta seguridad, que los abogados  “curiosamente, tienen un despacho que ha cobrado fama de ‘infalible’ y que en la propia dependencia tiene a sus propagandistas: en cuanto les cae el caso de algún trabajador despedido ‘de una empresa grande’, o por lo menos económicamente prometedora para fines de un laudo, le ‘recomiendan’ que vaya con el despacho de marras”.

     Adriana inclusive describe, con minuciosos detalles, la supuesta estrategia de los abogados, escribiendo “¿Cómo operan estos señores para tener éxito con sus patrocinados? Pues hay algunos indicios, como el truco de las notificaciones hechas perdedizas o retrasadas a propósito para que la empresa demandada pierda por incomparecencia en los plazos establecidos”.

     Luego Adriana desata mas acusaciones: “Otros son los fallos por pretextos o interpretaciones parciales de la ley. El asunto es que ganen los representados del despacho este, aunque al final de cuentas la ganancia ni sea para los trabajadores, sino para los habilidosos abogados que se aseguran su buena comisión”.

    Y remata con acusaciones de complicidad de empleados de la Junta de Conciliación y Arbitraje: “El personal de la Junta está encantado con estos súper abogadazos y los cariños y favores mutuos se han hecho de más fama, aunque el secretario del Trabajo no se dé por enterado. A lo mejor anda demasiado ocupado en prepararse el camino para que su jefe el gobernador lo haga notario antes de concluir la administración”.

     Vaya con esta “periodista” ¿No serian sus descubrimientos, y conocimientos del caso, suficiente material para un estupendo reportaje sobre corrupción tan descarada como criminal? ¿No sería suficiente para que a los abogados en cuestión se les inhabilitara para ejercer tan delicada profesión?

       Periodistas estadunidenses, por reportajes similares, han obtenido es prestigioso Premio Pulitzer de Periodismo. Bueno, eso es lo referente a que Adriana falla miserablemente en ejercer el periodismo.
      Pero viene la verdadera razón por la que Adriana escribió ese relato de manera tan periodísticamente ignorante.

      Empecemos por lo brillante que son los “periodistas” potosinos para  el soborno y el chantaje: Durante las dos semanas anteriores a esta columna de Adriana, entre el gremio periodiquero corrió como (perdóneseme el cliché) reguero de pólvora la, aparentemente, exitosa extorsión de que fue víctima el director de Comunicación Publica de Gobierno del Estado, Roberto Armando Naif Kuri, cometida por Lucero Aguilar Fuentes, editora de la revista Expresiones, quien le exigió –dicen un par de periodistas— que le comprara 10 portadas de su revista por un total de 400 mil pesos, o de otra manera le publicaría cosas oscuras de su vida, acusándolo en su página de Facebook de ser un drogadicto, alcohólico, misógino, violador y mas lindezas por el estilo –esto nadie me lo conto, lo leí en la página de facebook de Lucero—.

        Cabria el beneficio de la duda, pero a los pocos días Lucero publicó en su página de Facebook una disculpa pública que decía: “Va una disculpa pública al Ingeniero Roberto Armando Naif, un hombre probo en toda la extensión de la palabra, con quien tuve la oportunidad de platicar ampliamente esta mañana y pudimos arreglar malos entendidos. Con él tengo una amistad de más de 25 años y espero tener el honor de seguir siendo siempre su amiga”. Como que no hay lugar a dudas.

      No hay lugar a dudas que la publicación de tan atrevidas acusaciones de Adriana Ochoa contra los  abogados haya sido con el propósito de extorsionarlos, de una manera tan sutil, disfrazada como critica en una columna “periodística”.

Si lo logró, nunca lo sabremos.